Cultura de Cuidado en Comunidad

Cultura de Cuidado en Comunidad

Introducción

Las realidades sociales y culturales de los diferentes contextos contemporáneos, dejan leer claramente, que pensar  y educar en la cultura del cuidado de sí, del otro, del medio ambiente, de la cultura y de lo público, tendría que ser un imperativo humano que materialice la vida misma como parte fundamental de la cotidianidad. 

Para el Nodo de Mejoramiento de la Red de Gestión y Calidad Educativa de Colombia, la cultura del cuidado cobra sentido en sí misma,  ante  la imperiosa necesidad que tienen las  instituciones educativas de profundizar más en su reflexión e instauración, no sólo desde el ámbito macro sino y sobre todo, desde el individual, a nivel de docentes, estudiantes y directivos, determinando  puntos de acción  que solidifiquen las  bases para la  proyección de un trabajo formativo, focalizado en términos de hacer, desde la escuela, una mejor posibilidad de vida en la familia y en la ciudad. 

En esta perspectiva, cualquier planteamiento sobre la cultura de la ética  del cuidado  debería tener en cuenta desde el escenario formativo, las acciones e interacciones entre: familia, escuela e instituciones sociales, en tanto que  entre todas ellas existen y se entretejen vínculos y visiones    sobre el cómo vivir y convivir, de tal manera que  los hechos que resultan de esos vínculos no están fijados en una sola dirección y, sobre todo, no tienen un cumplimiento necesario, en el sentido de que sean impuestos, sino que por el contrario, deben convertirse en “cultura del cuidado”.  

En este sentido, pensar la cultura del cuidado desde lo educativo da fundamento al trabajo formativo desde claros principios morales y éticos, que son iguales para todos; independientemente de las circunstancias, las ocasiones y los problemas específicos que el devenir trae consigo, como pruebas constantes que se nos ponen de frente para verificar los valores que fundamentan una vida en sociedad que bien merece seguir siendo vivida.  

LA ÉTICA DEL CUIDADO: UNA OPORTUNIDAD PARA CONSTRUIR DESDE EL SER

La UNESCO en el informe “La educación encierra un tesoro”, plantea cuatro pilares de aprendizaje que permiten lograr los objetivos y propósitos que la educación se ha planteado y que podrían ser el fundamento que ayude a una persona a cuidarse y cuidar a otros: 

  • Aprender a conocer: para apropiarse del saber y poder así aplicarlo en la vida diaria.
  • Aprender a hacer: para desarrollar competencias que le permitan hacer frente a un gran número de situaciones y trabajar en equipo en el marco de las distintas experiencias sociales.
  • Aprender a vivir juntos: desarrollando la comprensión del otro y la percepción de las formas de interdependencia; aprender a vivir y a convivir consigo mismo, con el otro y con lo otro.
  • Aprender a ser: para desarrollar la propia personalidad, la capacidad de juicio y la responsabilidad personal.

Si estos aprendizajes marcan el rumbo de la educación y de las convicciones de la sociedad, las nuevas generaciones formadas según  ellos, serán   personas responsables de su ser, con conciencia del impacto de sus acciones y decisiones en el otro y en su entorno; solidarios, compasivos, respetuosos y con capacidad de reconocer y amar al otro; en síntesis personas con actitudes de corresponsabilidad  en la construcción de una sociedad consciente de la necesidad de cuidar y cuidarse.  

LA CULTURA DEL CUIDADO… UNA POSIBILIDAD DE EDUCAR 

Educar en la  cultura del cuidado es dimensionar al ser humano desde su relación consigo mismo, con los demás,  con el medio ambiente, con  la cultura y  con lo público. Por lo tanto, educar en el cuidado, corresponde  a una concepción de integralidad humana, en la cual cada uno se asume en interdependencia con los demás, comprendiéndose como parte de un todo que  afecta y por el cual es afectado,   en la búsqueda no sólo de la supervivencia sino también de mejores condiciones de vida que aseguren su permanencia, felicidad y la de nuevas generaciones. 

El ejercicio de la cultura del cuidado es en el fondo el  ejercicio de la  responsabilidad humana, que como especie de orden superior tiene la capacidad para identificar los errores y daños del pasado, planteando nuevas formas de actuar para regenerarlos y prevenirlos. 

Si bien es cierto que la escuela desde sus orígenes ha ejercido la función de cuidadora, en tanto ha posibilitado que cada individuo  se desarrolle en diferentes ámbitos y se apersone de su cuidado, en su tarea, no ha  trascendido a enseñar el cuidado de los otros. Ha enseñado a cuidarse pero  no a cuidar; quedándose en el plano de lo individual sin trascender a lo colectivo. 

La tarea educativa entonces,  alrededor del cuidado de sí en una perspectiva ética, como bien lo enuncia Carlos Skliar en la Pedagogías de las Diferencias, es la de percibir las posibilidades. La preocupación educativa es mantener abierta la sensibilidad hacia la singularidad del otro para poder reconocer su posibilidad y su fuerza, porque es de ahí de donde tiene que extraer la potencia de una vida digna, “percibir la fuerza del otro es la tarea educativa más importante, porque al hacerlo nuestra relación que es educativa, posibilita confianza, reconocimiento de sí e ímpetu para activar la vida y la dignidad”.  

En este sentido, la educación como proceso social no es un ente neutral que recoge elementos culturales y los transmite.  Este asunto debe  pasar por un filtro o mirada crítica,  puesto que es a través de ella desde donde se analiza, debate, comprende y reorganiza la razón misma de la institución educativa en su generalidad: Educar Integralmente.    

En esta interacción de las relaciones, el proceso de comunicación, como factor protagónico, permite el intercambio de ideas, pensamientos, sentimientos y experiencias que van moldeando en la persona una manera de actuar y asumir el reto de vivir para sí y con otros.

UNA RUTA PARA AVANZAR EN LA CULTURA DEL CUIDADO 

Avanzar  en la ruta de la ética de la cultura del cuidado es  fortalecer el camino de la formación integral. Al decir del experto Luis Carlos Figueroa Castillo (2013),  son varias las percataciones y aproximaciones que van asegurando y acompañando los logros en esta dirección:  

  • Definir con claridad el lugar de la formación moral en el marco del proyecto educativo de la institución.
  • Analizar ideas y prácticas vigentes asociadas a la educación moral ofrecida por la institución.
  • Garantizar condiciones favorables para la construcción de vínculos reales al interior de la comunidad educativa.
  • Promover las condiciones para un diálogo abierto, crítico y respetuoso entre las diversas instancias institucionales.
  • Identificar y analizar las buenas prácticas de cuidado que ya se tienen.
  • Identificar y analizar las realidades con las cuales los integrantes de la comunidad educativa expresan necesidad de ser mejor cuidados.
  • Hacer que la construcción de relaciones positivas entre profesores y estudiantes sea una prioridad.
  • Asumir institucionalmente políticas de cuidado del medio ambiente.
  • Examinar las políticas de inclusión educativa implementadas y desarrollar estrategias en este sentido.
  • Monitorear regularmente el clima escolar del colegio y el desarrollo de los planes de acción para fortalecerlo.
  • Evitar definir jerarquías entre programas académicos y animar la participación estudiantil en actividades extra-académicas.
  • Promover  y apoyar las instancias de participación estudiantil.
  • Asumir el reto de explorar el conocimiento con los estudiantes y de enseñar a partir de aquello que los estudiantes desean aprender.
  • Explorar posibilidades de planeación cooperativa con los estudiantes.
  • Integrar contenidos y experiencias de los planes de área con los aprendizajes sobre: el cuidado de uno mismo, de los otros, de la vida no humana, de las ideas y de los recursos materiales.
  • Promover el trabajo cooperativo entre los estudiantes para desarrollar hábitos de trabajo cooperativo entre pares.
  • Usar estrategias disciplinarias que no sean sólo de carácter punitivo y que apunten al desarrollo de la autonomía moral.
  • Abordar libremente con los estudiantes preguntas y temas existenciales.
  • Enseñarle a los estudiantes que el cuidado implica competencia.
  • Establecer cercanía y estrategias de apoyo mutuo con los padres de familia
  • Identificar las estrategias que a nivel personal resultan más eficaces para acercarse, conocer y acompañar a sus estudiantes

EL CUIDADO DE SÍ MISMO 

El cuidado de sí mismo es la condición esencial para posibilitar que un individuo pueda desarrollar actitudes de respeto, empatía y compromiso con otros y con lo otro. Por ello, la educación en la ética de la cultura del cuidado, inexorablemente tiene que fundamentarse en la posibilidad de inculcar en el estudiante un compromiso consigo mismo, entendido éste en toda la integralidad y complejidad de la naturaleza humana. 

Lo anterior plantea una mirada antropológica y filosófica de la educación, entendiendo que su objetivo más importante es el desarrollo integral del ser, al promover  actitudes y competencias en cada  individuo para que se  conozca, se acepte y valore; aprendiendo a ocuparse de sí mismo como una actitud de vida que le permite enfrentarla con un sentido de mayor plenitud. De esta forma, consciente de sus potenciales, buscará la realización personal a través de su propia transformación; en un proceso continuo y sin fin. 

Si como lo afirma Foucault, el cuidado de sí implica tanto el autoconocimiento como el conocimiento de valores, reglas y principios que conforman el marco ético que regirá las actuaciones y relaciones de cada individuo;  es urgente que la educación  replantee sus objetivos  y  conciba este aprendizaje como la piedra angular, el andamiaje que soportará el desarrollo de cada persona.  No es posible  pretender formar personas que amen a otros, que sean capaces de  manifestar actitudes de empatía, compasión, compromiso con grupos, si no han logrado amarse a sí mismos. 

Sin embargo, este aprendizaje que pareciera marcado por el individualismo, requiere de la relación con otros para poder alcanzarse. De hecho, inicialmente está ampliamente supeditado a las relaciones familiares y posteriormente, son las relaciones profesor-estudiante las que avivan, orientan, enriquecen las incipientes disposiciones, gracias a las experiencias y reflexiones que intencionalmente promueven el autoconocimiento,  la comprensión de nuestra integralidad en la interacción de la dimensión corporal, espiritual, afectivo-sexual, relacional, intelectual. En esta vía, el cuidado de sí  mismo, se constituye en un arte de vivir para todos y a lo largo de la vida, es un modo de prepararse para la realización completa de la vida.  

El CUIDADO DEL OTRO 

La ética del cuidado es esencialmente una ética relacional que nos lleva a ser sujetos morales, a ser emisores y receptores del cuidado y a entender la relevancia de las condiciones en las cuales las partes interactúan. Empieza con el deseo universal de ser cuidado, de establecer una relación positiva por lo menos con algunos otros seres, es por ello que aprender a cuidar y a ser cuidado es una tarea evolutiva fundamental.   

Es aquí donde queda explícita la importancia de cuidar del otro, la cual nace en el seno mismo de la familia. Para Nel Noddings, el cuidado del otro se aprende en la experiencia de cuidado familiar, en ese apego que se da entre padres e hijos, en la respuesta al cuidado inicial que todo bebé requiere; por ello las bases de su aprendizaje se inician en la familia como una experiencia de vida que se convierte en una impronta personal que induce positiva y naturalmente a participar del cuidado del otro. Los padres y maestros se convierten en un referente del cuidado que los mismos niños replicarán en su vida adulta.  

El CUIDADO DE LO PÚBLICO

El cuidado de lo público como componente de la cultura del cuidado pone de manifiesto el valor de la  solidaridad,  vivido a la luz de  saber cuidar de los bienes públicos como elementos que producen equidad, protección y bienestar a los demás. 

Una institución educativa que focaliza su trabajo formativo en el cuidado de lo público, realiza prácticas que  resaltan  el valor de la honestidad y la transparencia, promueve en   sus estudiantes la  vinculación a  las diferentes instancias de participación de tal forma que aportan con sus ideas y proyectos al mejoramiento de la comunidad. Así mismo, ofrece oportunidades para que reconozcan, disfruten y cuiden   los espacios de ciudad; todo ello encaminado a la formación en una ciudadanía responsable. 

Artículo tomado de: https://mydokument.com/hacia-una-cultura-del-cuidado-en-las-instituciones-educativas-de-la-ciudad-de-medellin-nodo-de-mejoramiento.html